Pompeyo Magno: el hombre que lo tuvo todo y acabó decapitado en una barca

Pompeyo Magno tuvo tres triunfos en Roma.

Tres desfiles de victoria en los que el pueblo llenaba las calles para verle pasar.

El primero lo celebró con veinticuatro años, antes de haber sido cuestor, antes de haber pasado por ningún cargo de la magistratura romana.

Pompey the Great
Busto de Pompeyo Magno. Tres triunfos, el Mediterráneo a sus pies, y acabó decapitado en una barca egipcia.

Sila, el dictador, le llamó «el Grande».

Cuarenta años después, Pompeyo moría decapitado en una barca frente a las costas de Egipto, mientras su asesino le sostenía la cabeza por el pelo.

Roma es así.

El niño mimado de Sila

Pompeyo nació en el año 106 a.C., el mismo año que Cicerón. Su padre era Pompeyo Estrabón, un general más conocido por su ferocidad que por su popularidad.

Cuando Sila volvió de Oriente y tomó Roma en el 83 a.C., Pompeyo levantó tres legiones de sus propias tierras en el Piceno y se las ofreció. Tenía veintidós años.

A Sila le gustó el gesto. Le dio el apellido Magnus. Y Pompeyo se lo creyó.

Tres triunfos y un problema de imagen

El primero fue por sus victorias en África, en el 81 a.C. Pompeyo quiso entrar en Roma montado en un carro tirado por elefantes. Los elefantes no cabían por la puerta de la ciudad. Tuvo que cambiarlos por caballos.

Es una imagen perfecta de Pompeyo: grandiosidad que no cabe en la realidad.

El segundo triunfo fue por sus victorias en Hispania contra Sertorio. El tercero, y más impresionante, por sus campañas en Oriente. En apenas cuatro años había reorganizado el Mediterráneo oriental, derrotado a Mitrídates del Ponto, tomado Jerusalén y duplicado los ingresos del tesoro romano.

Era, objetivamente, el hombre más poderoso de Roma.

El Primer Triunvirato, o cómo compartir el poder con quien no deberías

El problema de Pompeyo era que era mejor general que político.

Cuando volvió a Roma en el 62 a.C., el Senado le bloqueó sistemáticamente. No ratificaban sus acuerdos en Oriente. No daban tierras a sus veteranos.

Pompeyo necesitaba aliados. Los encontró en César y Craso. El Primer Triunvirato, el año 60 a.C., fue el acuerdo que cambió la historia de Roma: César obtuvo el consulado y luego el mando en la Galia. Craso obtuvo contratos lucrativos. Pompeyo obtuvo la ratificación de sus acuerdos y tierras para sus soldados.

También se casó con Julia, la hija de César. Y, curiosamente, la quiso de verdad. Y Julia lo quiso a él. Cuando Julia murió de parto en el 54 a.C., algo en la alianza con César murió también.

El hombre que no supo cuándo retirarse

Craso murió en Carrhae en el 53 a.C. El triunvirato quedó en duunvirato. Y dos hombres con ambiciones similares en el mismo espacio siempre termina mal.

El Senado eligió a Pompeyo como su campeón contra César. Pompeyo aceptó.

Era la peor decisión de su vida.

César cruzó el Rubicón en enero del 49 a.C. y barrió Italia en pocas semanas. Pompeyo huyó a Grecia con el Senado. La batalla decisiva fue Farsalia, en agosto del 48 a.C. Pompeyo tenía más hombres, mejor posición, todo a su favor excepto un general mejor que él en el otro lado.

La derrota fue total.

Una barca, una espada y el final

Pompeyo huyó a Egipto. Pensó que el rey Ptolomeo XIII, a quien había ayudado en el pasado, le daría refugio.

Los consejeros del joven rey calcularon que César, que iba detrás, sería más valioso como aliado que Pompeyo. Así que organizaron una recepción.

Una barca fue a buscarle al barco donde esperaba. En la barca iba Septimio, un antiguo centurión de Pompeyo que ahora servía a Ptolomeo. Pompeyo bajó. Su esposa Cornelia lo vio desde el barco. Empezó a leer un discurso que había preparado para el rey.

Entonces Septimio le clavó una espada por la espalda.

César llegó pocos días después. Cuando los egipcios le presentaron la cabeza de Pompeyo como regalo, César lloró. O eso dicen.

Pompeyo tenía cincuenta y ocho años. Llevaba cuarenta siendo el hombre más importante de Roma, o creyendo serlo. Al final, la diferencia entre las dos cosas resultó ser todo.

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