Pompeyo contra los piratas: cómo limpió el Mediterráneo en 40 días

El Mediterráneo era un lago romano. Eso decían. Luego llegaron los piratas y se pusieron a saquear como si el lago fuera suyo.

Para el año 67 antes de nuestra era, la situación había llegado a un punto absurdo. No se podía mandar un barco sin que te lo interceptaran. Habían atacado puertos italianos. Se habían llevado a dos pretores con sus escoltas.

Y lo más grave: el grano no llegaba a Roma…

En Roma, el grano era lo que el petróleo es hoy para nosotros. Cortabas el suministro y colapsaba la civilización. Así de sencillo y así de grave.

Rockstars con remos

Busto de Pompeyo Magno
Busto de Pompeyo Magno. Museo Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhague.

Los piratas de Cilicia no eran los piratas del Caribe con parche en el ojo. Eran soldados veteranos que se habían quedado sin amo después de que Roma destruyera los grandes reinos del Mediterráneo oriental.

El Imperio Seléucida había caído. Armenia había arrasado lo que quedaba. De repente, miles de hombres entrenados para la guerra se encontraron sin trabajo ni sueldo. Y alguien se dio cuenta de que los barcos mercantes navegaban solos, cargados de seda, canela y pimienta, sin una espada a bordo.

La ecuación era sencilla: riesgo mínimo, beneficio enorme.

Se organizaron. Los más fuertes se comieron a los más débiles, como pasa siempre en el mundo criminal. Formaron flotas. Construyeron ciudades «piráticas». Y empezaron a vivir como reyes.

Eran los rockstars de la época. Y eso tuvo un efecto contagioso.

El problema del vacío de poder

Hay una frase que explica casi toda la historia: el poder no conoce vacío. Donde no hay un estado que ejerza control, alguien va a ocupar ese espacio. Siempre.

Pasó al final de la Edad del Bronce con los Pueblos del Mar. Pasó en el siglo XVII con la piratería del Caribe. Y pasó en el Mediterráneo del siglo I antes de Cristo.

Roma estaba demasiado ocupada con sus guerras civiles, con Mitrídates, con rebeliones aquí y allá. Los gobernadores locales no tenían fuerzas para enfrentarlos. Así que negociaron.

Y negociar con criminales es lo peor que puedes hacer, porque les das legitimidad. Un tumor pequeño que hizo metástasis hasta comprometer el estómago de toda Roma.

La Lex Gabinia: cuando Roma le dio poderes de generalísimo a un solo hombre

Aquí es donde la historia se pone interesante.

En el año 67, un tribuno de la plebe llamado Aulo Gabinio presentó una ley en el Senado. Gabinio era cliente de Pompeyo, es decir, hombre suyo. Y la ley decía básicamente esto: darle a Pompeyo el mando absoluto sobre todo el Mediterráneo para acabar con los piratas.

No el mando de una provincia. El mando de todo.

Podía proyectar su autoridad 500 millas desde la costa hacia tierra adentro. Recibiría recursos prácticamente ilimitados: barcos, tropas, dinero, oficiales. Todo el mundo romano quedaba bajo su poder.

El Senado se puso nervioso, y con razón. Era una anomalía sin precedentes en la República. Hombres como Pisón y Hortensio se opusieron. Cátulo intentó frenarla.

Pero la presión popular fue tan grande que al final tuvieron que ceder. Y cuando alguien le preguntó al pueblo qué pasaría si Pompeyo moría inesperadamente, la multitud señaló a Cátulo y le dijo: «En ti.«

Cátulo se quedó sin argumentos.

40 días para limpiar el Mediterráneo

Maqueta de Roma antigua
Maqueta de Roma en época imperial. Museo della Civiltà Romana, Roma.

El plan de Pompeyo fue tan simple como brillante.

El error que venía cometiendo Roma era perseguir a los piratas grupo a grupo. Derrotabas tres bandas y aparecían otras nueve en otra parte. Era inútil.

Pompeyo entendió que el problema era el movimiento. Había que impedirles desplazarse.

Dividió el Mediterráneo en sectores operativos. A cada sector asignó un comandante de confianza con sus propias fuerzas. Organizaron patrullas en los estrechos. Controlaron los puertos. Cortaron las rutas de escape una a una.

Los piratas dejaron de tener donde operar. En todas partes había vigilancia, en todas partes había flotas listas para plantarles cara. Empezaron a concentrarse en un solo lugar: Cilicia.

Y ahí los esperaba Pompeyo.

En 40 días, el Mediterráneo occidental quedó limpio. En tres meses, la campaña completa había terminado. Un problema que Roma llevaba décadas sin resolver, liquidado en un verano.

El perdón más inteligente de la historia romana

Lo que hizo Pompeyo después de la victoria me parece igual de brillante que la campaña en sí.

No ejecutó a los piratas vencidos. Los perdonó. Les dio tierras, ciudades, puertos que administrar.

Parecía generosidad. En realidad era política pura.

Un ex pirata que ahora controlaba un puerto en la ruta de la seda tenía todos los incentivos del mundo para que ese puerto funcionara bien. Sus hombres, que antes saltaban barcos, ahora vigilaban que nadie los saltara. De enemigos a aliados de un plumazo.

Roma siempre funcionó así. No llegaba arrasando todo. Arrasaba donde hacía falta, y al resto lo integraba. Es lo que hace que un imperio dure siglos.

El precio político de salvar la República

Pero hay otra cara de la moneda.

La Lex Gabinia fue la primera vez en la historia de la República que se le daban poderes tan extraordinarios a un solo hombre. Y eso dejó una puerta abierta.

Después vino la Lex Manilia, que le dio a Pompeyo el mando para acabar con Mitrídates. Siempre había un tribuno de la plebe dispuesto a proponer lo siguiente. Siempre había una crisis que justificaba los poderes extraordinarios.

La República no cayó por Pompeyo ni por César.

Cayó porque estaba agotada. Porque un sistema diseñado para gobernar Italia no podía gestionar un Mediterráneo entero sin improvisarlo todo.

Pero la Lex Gabinia fue el primer síntoma claro de que las reglas del juego habían cambiado para siempre. Roma salvó el grano. Y en el proceso, sembró la semilla del Imperio.


Lecturas recomendadas

Si quieres profundizar en Pompeyo y en este periodo, empieza por las fuentes clásicas. Plutarco escribió una Vida de Pompeyo que engancha desde la primera página, y las Períocas de Tito Livio dan detalles concretos sobre la campaña contra los piratas.

Para entender el contexto político más amplio, este libro de Tom Holland te da el cuadro completo de la República tardía con un ritmo que no se parece en nada a un libro académico:

Rubicón: Auge y caída de la República Romana (Tom Holland)

Y si te interesa entender cómo funcionaba la maquinaria interna del Estado romano, cómo administraban territorios que se extendían de Hispania a Siria, este volumen es una buena puerta de entrada:

La administración de las provincias en el Imperio Romano

Y si quieres una biografía completa y rigurosa centrada en él, esta de Karl Christ es la referencia:

Pompeyo (Karl Christ)

Para un enfoque más académico sobre las redes de poder que construyó Pompeyo en Hispania, este estudio especializado:

Las clientelas de Pompeyo Magno en Hispania (INSTRUMENTA)

Y si te interesa la rivalidad entre los dos grandes de la República en suelo hispano:

César y Pompeyo en Hispania (Historia Antigua)

Y para el enfrentamiento final entre los dos colosos, este libro de Dando-Collins lo narra con mucho ritmo:

César contra Pompeyo (Stephen Dando-Collins)


Comentarios

Deja un comentario

Descubre más desde Ecos del Imperium

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo