¿Quién fue Cicerón? El abogado que salvó la República

Hay personas que nacen en el momento equivocado.

Cicerón creía de verdad en la República romana. No como excusa política, no como decorado: de verdad, con la convicción de alguien que había leído a los griegos, que había pensado mucho en qué hace que una sociedad funcione bien, y que veía con horror cómo el sistema que amaba se desmoronaba a su alrededor.

Me llegó Cicerón tarde, la verdad. Durante años lo veía como una figura secundaria entre los grandes nombres de Roma: César, Augusto, Pompeyo.

Pero cuando empecé a leerlo de verdad, me di cuenta de que quizá era el más humano de todos. El que más dudaba, el que más reflexionaba, el que más miedo tenía y aun así siguió adelante.

Un hombre nuevo en Roma: ¿qué significa eso?

Cicerón era lo que los romanos llamaban un homo novus, un hombre nuevo. Eso significaba que era el primero de su familia en llegar al Senado, en ocupar una magistratura importante. Sin ancestros consulares, sin la red de contactos heredada, sin el respaldo automático de un apellido ilustre.

Nació en Arpino, un municipio a unos ciento veinte kilómetros de Roma, en el 106 a.C. Familia acomodada pero no romana de toda la vida.

Para alguien así llegar al consulado, el cargo más alto de la República, era casi imposible. Y sin embargo lo hizo.

Lo hizo con su palabra. Con sus discursos, con sus casos judiciales, con su reputación como el mejor orador de Roma. En una ciudad donde la retórica era poder real, Cicerón tenía el poder de transformar la opinión pública con un discurso.

El caso Verres: cuando un abogado se enfrenta a toda una clase social

El primer gran momento de Cicerón fue la acusación de Verres, en el 70 a.C. Verres había sido gobernador de Sicilia y había saqueado la provincia de manera sistemática: robó obras de arte, extorsionó a ciudadanos, ejecutó a hombres libres de manera ilegal.

El problema era que Verres tenía el apoyo de toda la aristocracia romana. Su defensor era Hortensio, el mejor abogado de Roma en ese momento. Y los jueces eran senadores, compañeros de clase del acusado.

Cicerón recopiló pruebas durante meses en Sicilia, presentó un caso tan sólido y tan devastador que Verres huyó voluntariamente al exilio antes de que terminara el juicio. Fue un escándalo. Y convirtió a Cicerón en la figura más conocida del foro romano de la noche a la mañana.

La conjuración de Catilina: el momento en que salvó Roma (o eso dijo)

En el 63 a.C., siendo cónsul, Cicerón desarticuló la conspiración de Catilina.

Lucio Sergio Catilina era un aristócrata arruinado que había intentado llegar al consulado varias veces y planeaba tomar el poder por la fuerza, con el apoyo de deudores, veteranos empobrecidos y descontentos varios.

Cicerón denuncia a Catilina ante el Senado romano. Fresco de Cesare Maccari (1888)

Cicerón obtuvo información de la conspiración, denunció a Catilina ante el Senado en cuatro discursos memorables (las Catilinarias) y consiguió que los principales conspiradores fueran ejecutados sin juicio.

Eso último fue un problema: ejecutar a ciudadanos romanos sin proceso era ilegal. Cicerón lo pagó años después con el exilio.

Aquí me quedé yo con una reflexión incómoda: incluso los que defienden las leyes a veces las rompen cuando creen que la situación lo justifica. Cicerón nunca se perdonó del todo aquello, o al menos así lo reflejan sus cartas.

Las Filípicas: cuando decidió morir de pie

Tras el asesinato de César en el 44 a.C., Cicerón tuvo una última oportunidad política. Vio en el joven Octavio un instrumento para restaurar la República y se alió con él para combatir a Marco Antonio, a quien consideraba la verdadera amenaza.

Pronunció catorce discursos contra Marco Antonio, que llamó Filípicas en honor a los discursos de Demóstenes contra Filipo de Macedonia. Eran devastadores, brillantes y, en retrospectiva, suicidas.

Cuando Octavio y Marco Antonio formaron el Triunvirato, Cicerón fue incluido en las listas de proscritos.

No tenía salida. Intentó huir, pero lo alcanzaron en diciembre del 43 a.C. Su cabeza y sus manos fueron expuestas en el Foro Romano. Marco Antonio ordenó que las manos que habían escrito las Filípicas fueran cortadas específicamente.

¿Por qué sigue siendo importante Cicerón hoy?

Sus cartas. Tenemos cientos de cartas de Cicerón, a sus amigos, a su hermano, a su editor. Son documentos extraordinarios: un romano del siglo I a.C. hablando de sus miedos, sus dudas, sus alegrías pequeñas, sus frustraciones políticas. Es casi como leer los mensajes de alguien de hoy.

Y sus tratados filosóficos y políticos: Sobre la República, Sobre las Leyes, Sobre los deberes.

Textos que influenciaron a los Padres de la Iglesia, a los pensadores del Renacimiento, a los fundadores de las democracias modernas. John Adams, uno de los presidentes fundadores de Estados Unidos, leía a Cicerón en latín.

No está mal para alguien que empezó como abogado de provincias.

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