El imperio asirio: de la batalla de Qarqar a la biblioteca de Asurbanipal

Los asirios tienen muy mala prensa.

Y, la verdad, se la ganaron a pulso. En sus propios relieves presumen de empalar a los rebeldes, de desollar a los jefes enemigos y de amontonar cabezas a las puertas de las ciudades.

Pero si te quedas solo con eso, te pierdes la mitad de la historia. Porque el mismo imperio que hacía todo eso guardó, en Nínive, la mejor biblioteca del mundo antiguo.

Asurbanipal cazando leones, relieve de su palacio de Nínive. Osama Shukir Muhammed Amin FRCP(Glasg) · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Un reino pequeño con muy malos vecinos

Te pongo un poco en contexto. Asiria nació alrededor de la ciudad de Assur, junto al Tigris, en el norte del actual Irak.

Una tierra sin fronteras naturales, rodeada de montañeses, nómadas y reinos rivales. O atacabas, o te atacaban. Y los asirios eligieron atacar.

A partir del siglo IX antes de Cristo, sus reyes salen de campaña casi cada primavera. Es lo que los historiadores llaman el imperio neoasirio, y durante casi tres siglos fue la mayor potencia de la Tierra.

Qarqar, 853 antes de Cristo

La batalla de Qarqar es de las que casi nadie conoce, y debería. En el 853 antes de Cristo, el rey Salmanasar III bajó hacia Siria. Y por una vez, los reinos de la zona se pusieron de acuerdo y le salieron al paso juntos, junto al río Orontes.

Lo sabemos por una inscripción del propio Salmanasar, el monolito de Kurkh, que enumera a los enemigos. Y entre ellos aparece Ajab de Israel, con 2.000 carros y 10.000 soldados.

Es la primera vez que un rey de Israel de la Biblia aparece en una fuente que no es la Biblia. También se cita, por primera vez en la historia, a los árabes, con mil camellos.

Salmanasar dice que ganó y que el río se tiñó de sangre. Pero curiosamente, tuvo que volver a la zona varias veces en los años siguientes. Cuando un rey asirio vence de verdad, no necesita repetir.

Salmanasar III, el rey asirio que luchó en Qarqar. This image was produced by me, David Castor (user:dcastor). The pictures I submi · Public domain · Wikimedia Commons

La máquina de guerra asiria

Con Tiglat-Pileser III, un siglo después, Asiria se convierte en algo nuevo: un ejército permanente, profesional, con carros, caballería, infantería pesada, arqueros, y sobre todo ingenieros.

Los asirios fueron maestros del asedio: rampas, arietes con ruedas, túneles bajo las murallas.

Y luego estaban las deportaciones. Cuando conquistaban un territorio rebelde, trasladaban a buena parte de la población a la otra punta del imperio y traían a otros en su lugar.

Así desaparecieron, por ejemplo, las diez tribus del reino de Israel en el 722 antes de Cristo. Gente sin raíces es gente que no se rebela. Esa era la idea.

Asurbanipal, el rey que sabía leer

Y ahora viene la parte que me encanta. Asurbanipal, en el siglo VII antes de Cristo, fue el último gran rey asirio. Cazaba leones, aplastó a Babilonia (donde reinaba su propio hermano) y saqueó Susa.

Pero presumía de algo poco habitual en un rey de su época: sabía leer y escribir.

Mandó copiar y reunir en Nínive todo el saber de Mesopotamia: presagios, medicina, himnos, diccionarios, astronomía. Más de 30.000 tablillas y fragmentos han llegado hasta nosotros.

Gracias a esa biblioteca conocemos hoy la epopeya de Gilgamesh, incluida la historia del diluvio.

Lo más irónico es que se conservó gracias a su destrucción. Cuando Nínive ardió en el 612 antes de Cristo, el fuego coció las tablillas de barro y las hizo casi eternas.

Un final rapidísimo

Lo que más me sorprende de Asiria es lo deprisa que se vino abajo. Pocos años después de la muerte de Asurbanipal, medos y babilonios se aliaron, y en apenas dos décadas el imperio más temido del mundo había desaparecido.

La caída de Nínive da para otro artículo entero (y lo tendremos).

A veces pienso que los imperios basados solo en el miedo son como sus ciudades de adobe: impresionantes por fuera, y muy frágiles cuando llega la lluvia.

¿Te quedas con el Asurbanipal de los leones o con el de la biblioteca? Te leo en los comentarios.

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