Memnón de Rodas: el hombre que casi para a Alejandro Magno

Hay una pregunta que me ronda la cabeza cada vez que leo sobre las campañas de Alejandro.

¿Y si no hubiera muerto tan pronto?

Porque la historia de la conquista de Persia se suele contar como una marcha triunfal casi inevitable. Alejandro cruza el Helesponto, gana el Gránico, conquista Asia Menor, vence en Issos, toma Tiro, llega a Egipto, derrota a Darío en Gaugamela…

Una línea recta de victorias que da la sensación de que era lo único que podía pasar.

Y no es verdad. Hubo un momento en que todo aquello estuvo a punto de ir muy distinto. Y el hombre que estuvo más cerca de torcer ese destino fue un mercenario griego al servicio de Persia. Un rodio llamado Memnón.

Te pongo en contexto.

Ancient Greek theatre in Lindos 01

Un griego que combatía por el rey persa

Memnón nació en Rodas, probablemente hacia el 390 a.C.

Era el hermano menor de Mentor, otro jefe mercenario de los que abundaban en el siglo IV. Y como tantos griegos de su época, acabó vendiendo su espada al mejor postor.

El mejor postor resultó ser Artabazo, sátrapa persa de la Frigia Helespóntica, con el que los dos hermanos tejieron lazos tan estrechos que acabaron siendo familia: Mentor se casó con la hija de Artabazo, y Artabazo con la de Mentor. En el mundo antiguo, así se sellaban las alianzas.

Cuando Artabazo se rebeló contra el Gran Rey hacia el 363 a.C., los rodios estaban con él. Durante casi una década combatieron en una guerra intermitente y complicada, donde se cruzaron los nombres más importantes del mercenariado griego de la época: Caridemo, Pammenes, Cares…

Una guerra de sátrapas rebeldes que hoy apenas nadie recuerda pero que fue el campo de entrenamiento de toda una generación de militares.

Memnón destacó. Cuando Artabazo fue capturado por las tropas enemigas, fueron los dos rodios quienes tomaron el mando y mantuvieron la resistencia hasta forzar un acuerdo digno. No es poca cosa.

Achaemenid Empire 500 BC

Frontino y dos anécdotas que lo dicen todo

El escritor romano Frontino recoge dos historias de Memnón que me parecen reveladoras de cómo pensaba este hombre.

La primera: siendo superior en caballería pero con el enemigo refugiado en las colinas, mandó a algunos de sus soldados que se «pasaran» al campo contrario y extendieran el rumor de que su ejército estaba al borde del motín, con grupos aislados en la llanura. El enemigo picó, bajó a atacarlos, y se encontró rodeado por la caballería de Memnón al completo.

La segunda: disponiendo de 200 barcos pero queriendo que el enemigo, inferior en número, aceptase combatir, ordenó que solo los barcos de vanguardia levantasen los mástiles. El enemigo contó los mástiles desde la distancia, calculó mal el número de naves, y ofreció batalla.

Lo que me quedo de estas dos historias es que Memnón pensaba de forma lateral. No era un general de fuerza bruta. Era un estratega que entendía que la guerra se gana también manipulando la información que tiene el enemigo.

Bronze statuette of a hoplomachus (a type of gladiator in ancient Rome, armed to resemble a Greek hoplite), 2nd century AD, Neues Museum, Berlin

El Gránico: cuando nadie le hizo caso

Aquí llegamos al momento que más me fascina de toda su historia.

Alejandro cruza el Helesponto en el 334 a.C. Las tropas persas se concentran en Zelea para darle batalla a orillas del río Gránico. Memnón está allí, con sus mercenarios. Y Memnón dice que no hay que combatir.

Su argumento era sólido. Los macedonios son superiores en infantería. Sus soldados están mejor entrenados y mejor armados.

Lo que hay que hacer es aplicar tierra quemada: destruir los cultivos, vaciar los graneros, no dejar nada con lo que Alejandro pueda alimentar a su ejército. Sin suministros, un ejército invasor en territorio hostil no puede sobrevivir mucho tiempo.

Los sátrapas persas lo ignoraron. Ofrecieron batalla en el Gránico y perdieron.

Oye, y hay una vuelta de tuerca más. Alejandro, que no era tonto, sabía perfectamente quién era Memnón. Y cuando cruzó a Asia, dio orden expresa de no atacar las tierras del rodio en la Tróade.

El mensaje era claro: quería que los persas sospecharan de su mejor general. El viejo truco de sembrar dudas sobre el más competente del bando contrario.

Halicarnaso: la primera vez que Alejandro lo pasó mal

Después del Gránico, Memnón recibe por fin el mando que merece: comandante supremo de las fuerzas persas en Asia Menor, con control también de la flota.

Para demostrar su lealtad a Darío, manda a su propia familia a la corte del rey como rehenes voluntarios. Un gesto que en el mundo antiguo hablaba más que cualquier juramento.

Se parapeta en Halicarnaso, la refuerza, y espera a Alejandro.

El asedio que sigue es uno de los más duros de toda la campaña. Memnón no se limitó a defenderse. Organizó salidas, contraataques, operaciones de desgaste.

En un momento llegaron a salir dos mil de sus mejores mercenarios y estuvieron a punto de llevarse por delante al propio Alejandro, que se encontraba en ese sector. Solo la intervención de los veteranos macedonios, soldados de la época de Filipo ya exentos de combate por su edad pero que Alejandro convocó personalmente, inclinó la balanza.

Al final Memnón tomó una decisión inteligente: si la ciudad ya no podía aguantar más sin un coste insostenible, ¿para qué seguir? Abandonó Halicarnaso de noche con la mayor parte de sus fuerzas, dejó una guarnición en la ciudadela, y se fue al mar.

Porque tenía un plan mucho más ambicioso…

La campaña del Egeo: cuando Alejandro tuvo miedo de verdad

Memnón embarcó con su flota en dirección al Egeo con una idea clara: llevar la guerra a Grecia. Cortar las líneas de suministro de Alejandro con Macedonia. Apoyar a Esparta, que buscaba una oportunidad para rebelarse. Crear un frente trasero que obligase al macedonio a elegir entre seguir avanzando o volver a salvar su retaguardia.

Y empezó a funcionar. Chios cayó en sus manos. La mayoría de las islas enviaron delegaciones. Cuando se rumoreó que se dirigía hacia Eubea, cundió el pánico. Estaba contactando con políticos griegos afines, preparando sobornos, tejiendo una red.

Alejandro había cometido el error de desmovilizar su flota griega aliada para ahorrar gastos.

Ahora no podía hacer nada para frenar a Memnón. Solo podía seguir avanzando tierra adentro y confiar en que las cosas se arreglasen solas. Si te interesa cómo funcionaban los ejércitos del mundo helenístico, en el artículo sobre el ejército ptolemaico en la batalla de Rafia tienes un buen complemento.

La muerte que cambió la historia

Y entonces Memnón murió.

Fue durante el asedio de Mitilene, en Lesbos. Enfermedad. Sin combate, sin herida de batalla, sin gesto épico. Simplemente cayó enfermo y murió. Era el 333 a.C. Tenía unos 57 años.

Aquí me quedo yo siempre pensando lo mismo: el hombre más peligroso para Alejandro en todo el mundo persa muere de enfermedad mientras asediaba una ciudad griega en el Egeo. No en el Gránico. No en Halicarnaso. De enfermedad.

El historiador Diodoro cuenta que Darío quedó devastado con la noticia. Memnón era en quien más confiaba. Y con su muerte, el rey persa cambió de estrategia y decidió presentar batalla a Alejandro en tierra. Lo que acabó siendo la batalla de Issos. Y todos sabemos cómo terminó…

Cuando Alejandro conquistó Tiro y se ganó la lealtad de fenicios y chipriotas, el grueso de la flota persa se disolvió.

Y con ella, la última oportunidad real de parar al macedonio. Un paralelo curioso: algo parecido le pasó a Pirro en Italia, otro genio militar que ganó todas las batallas y perdió la guerra.

La pregunta que no tiene respuesta

¿Qué habría pasado si Memnón no hubiera muerto en el 333?

Con dinero persa, una flota de 300 naves y 8.000 mercenarios nuevos en camino, con Esparta lista para moverse y media Grecia mirando de reojo… es difícil no imaginar que Alejandro habría tenido que detenerse.

Y una campaña que se detiene pierde impulso. Los ejércitos que esperan empiezan a desertar. Los aliados que dudaban empiezan a cambiar de bando.

No digo que hubiera derrotado a Alejandro. Pero habría sido un contratiempo serio.

Seguro que los que os gusta la historia alternativa estáis ya dándole vueltas.

Te voy a recomendar echarle un vistazo a una fantastica ucrononia del doctor en Historia Marcos Rafael Cañas titulada La paz de los Reyes donde trata una versión donde Memnón no ha muerto.

Lecturas recomendadas

Si quieres profundizar en Alejandro y las campañas de Asia, la biografía de Robin Lane Fox Alejandro Magno: conquistador del mundo sigue siendo una de las mejores. Y si prefieres algo más centrado en el mundo romano que vivió las consecuencias de toda esta época helenística, el Rubicón de Tom Holland te da un contexto perfecto del Mediterráneo antiguo.


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