Pompeyo Magno (II): Farsalia, Egipto y la muerte del último republicano

Cuando Pompeyo volvió a Roma en el 62 a.C. era el hombre más poderoso del mundo romano. Había conquistado el Oriente, limpiado el Mediterráneo de piratas, derrotado a Mitrídates.

Y el Senado, en lugar de reconocerlo, lo bloqueo en todo lo que pedía.

Esa decisión del Senado fue el primer domino de una cadena que acabaría con la República. Porque Pompeyo, humillado y sin salida institucional, busco aliados fuera del sistema. Y los encontró.

El Primer Triunvirato: el pacto que nadie admitia en público

El Primer Triunvirato romano
El Primer Triunvirato: Pompeyo, Craso y César, el pacto privado que cambió Roma para siempre.

En el 60 a.C., Pompeyo, Craso y César firmaron lo que hoy llamamos el Primer Triunvirato, aunque ellos nunca lo llamaron así. No era una institución oficial. Era un acuerdo privado entre tres hombres muy distintos con intereses complementarios.

Pompeyo quería que se ratificaran sus arreglos en Oriente y tierras para sus veteranos. Craso quería que se revisaran los contratos de publicanos en Asia. César quería el consulado para el año 59 a.C. y un mandó militar importante después. Los tres se necesitaban mutuamente.

César fue cónsul en el 59 a.C. y consiguió lo que cada uno necesitaba. El pacto se selló de manera muy romana: César dio a Pompeyo en matrimonio a su hija Julia, una unión que resulto ser genuinamente afectuosa. Julia mantendría unido el pacto más tiempo del que nadie esperaba.

La muerte de Julia: cuando se rompió lo único que los unía

Julia murió en el 54 a.C. de parto, junto con el bebe. Su muerte fue un golpe genuino para Pompeyo, que la quería de verdad, y fue también el momento en que el pegamento del Triunvirato desapareció.

Craso murió al año siguiente en la desastrosa batalla de Carras contra los partos. De los tres triunviros solo quedaban Pompeyo y César. Y sin Julia que los mediara, sin Craso que equilibrara, la tensión entre los dos era solo cuestión de tiempo.

Pompeyo fue derivando hacia el Senado, hacia los optimates, hacia Catón. Los mismos que años antes lo habían humillado ahora lo necesitaban como contrapeso a César. La política hace compañeros de cama muy extraños.

El cruce del Rubicón: Pompeyo no esperaba que César lo hiciera

En enero del 49 a.C, César cruza el Rubicón con su ejército y pone patas arriba la República. Pompeyo, que estaba en Roma, toma una decisión que todavía hoy se discute: abandona la ciudad y se retira hacia el sur, luego cruza a Grecia.

La razón que da Pompeyo es estratégica: necesita tiempo para reunir sus fuerzas, tiene legiones en Oriente, tiene recursos en todo el Mediterráneo. No puede defender Roma con lo que tiene en ese momento.

Pero la imagen de Pompeyo huyendo de Italia fue devastadora para su reputación. César se movía rápido y Pompeyo parecía siempre un pasó por detrás. Italia se rindió prácticamente sin pelear. En Hispania, las legiones pompeyanas capitularon ante César en pocas semanas.

Farsalia: el dia en que Roma eligió

El 9 de agosto del 48 a.C., en la llanura de Farsalia, en Grecia, los dos ejércitos se enfrentaron. Pompeyo tenía ventaja numérica: según las fuentes, casi el doble de infantería y mucha más caballería. Sus asesores le presionaban para dar batalla.

Pompeyo diseño un plan basado en su superioridad de caballería: abrumar el flanco derecho de César y envolver al ejército cesariano.

César lo vio venir. Coloco cohortes de infantería en ángulo para neutralizar la carga de caballería. Cuando la caballería pompeyana cargo, fue recibida por lanzas apuntando hacia arriba, algo para lo que los caballeros no estaban entrenados. Rompieron.

El ejército de Pompeyo se desintegro. Pompeyo vio lo que pasaba, se quito el manto de general, y huyó del campo de batalla. Fue el final.

Egipto: la muerte más indigna para el hombre más grande

César y Cleopatra en Egipto
César en Egipto tras la muerte de Pompeyo, donde conocería a Cleopatra.

Pompeyo huyó a Egipto buscando refugio. El faraón era Ptolomeo XIII, un niño de trece años bajó la tutela de sus consejeros. La lógica de Pompeyo era que había ayudado al padre de Ptolomeo años atrás y que le debía un favor.

Los consejeros de Ptolomeo hicieron el cálculo contrario: si Pompeyo perdía, dar refugio a Pompeyo ofendería a César. Si Pompeyo ganaba de alguna manera, ya se vería. Pero matar a Pompeyo y ofrecer su cabeza a César era una apuesta segura.

El 28 de septiembre del 48 a.C., Pompeyo fue asesinado en una barca mientras se acercaba a la orilla egipcia, delante de su mujer Cornelia que lo veía desde el barco. Lo decapitaron. Tenía 58 años.

Cuando César llegó a Egipto y le presentaron la cabeza de Pompeyo, dicen las fuentes que lloró. No lo sabemos con certeza. Lo que si sabemos es que ordeno una sepultura digna para los restos. Era lo mínimo.

El legado que Roma no supo reconocer

Los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto, siguieron peleando. Cneo murió en Hispania en el 45 a.C. Sexto sobrevivió y durante años controlo el Mediterráneo occidental con una flota, convirtiéndose en una pesadilla para el heredero de César, el futuro Augusto.

La sombra de Pompeyo duro mucho después de su muerte.

Lo que me parece fascinante de Pompeyo es la distancia entre lo que hizo y como lo recordamos. Fue el general más eficaz de su generación, el hombre que más territorio añadió a Roma, el que resolvió problemas que nadie más podía resolver. Y sin embargo en la memoria popular es «el que perdió contra César».

Como dice Alexandro en el podcast: Pompeyo fue una victima de su propio éxito. Fue tan bueno que Roma no supo como integrarlo sin que el sistema saltara por los aires. Y cuando el sistema salto, Pompeyo quedo atrapado en el lado equivocado de la historia.


Lecturas recomendadas

Para revivir el enfrentamiento entre Pompeyo y César desde ambos lados, César contra Pompeyo de Stephen Dando-Collins es el libro más directo sobre su rivalidad. Dando-Collins narra la guerra civil con un ritmo cinematográfico que engancha desde la primera página.

El relato más apasionante de la guerra civil entre los dos lo tienes en Rubicón de Tom Holland. La batalla de Farsalia la narra con una intensidad que no he visto en otro libro, y el capítulo sobre la muerte de Pompeyo en Egipto es de los que no se olvidan.

Y si quieres la visión completa de la vida de Pompeyo, desde su ascenso hasta Farsalia, Pompeyo de Karl Christ sigue siendo la referencia biográfica más sólida disponible en español.


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