Pompeyo Magno es uno de esos personajes que la historia ha tratado de manera injusta.
Lo recordamos como el hombre que perdió contra César en Farsalia, el que acabo decapitado en una barca en Egipto. Pero eso es el final. Y el final de Pompeyo no cuenta toda la historia de Pompeyo.
Porque antes de todo eso, Pompeyo fue probablemente el militar más brillante de su generación. El hombre que a los veintitantos años ya tenía tres triunfos. El que limpio el Mediterráneo de piratas en cuarenta dias. El que derroto a Mitridades del Ponto cuando nadie más podía.
En su momento, Pompeyo era Roma.
El hijo de Estrabón: crecer en el lado equivocado de una guerra civil

Pompeyo nace en el 106 aC, el mismo año que Ciceron. Su padre es Cneo Pompeyo Estrabón, un general que tuvo el don de estar en el lado correcto militarmente y en el lado equivocado moralmente casi siempre.
Estrabón fue odiado en Roma: ambicioso, poco fiable, conocido por cambiar de bando cuando le convenia.
Cuando estalla la guerra civil entre Mario y Sila en el 88 aC, el joven Pompeyo tiene dieciocho años y aprende muy rápido como funciona la política romana de verdad.
Su padre muere en el 87 aC, en medio de la confusion de la guerra, y Pompeyo se queda con las legiones paternas, un nombre complicado, y la necesidad urgente de elegir bien.
Eligio a Sila. Y esa eleccion lo cambio todo.
El chico de Sila: tres ejércitos, tres victorias, un apodo
Lo que hizo Pompeyo entre el 83 y el 81 aC es sencillamente extraordinario para alguien de su edad. Levanta por su cuenta tres legiones en el Piceno, una zona donde su familia tenía influencia, y se une a Sila cuando este desembarca en Italia. No viene solo: viene con ejército propio, listo para pelear.
Sila, que no era precisamente dado a los elogios, lo recibió de pie y lo llamo «Imperator». Un honor enorme para un chico de veintitres años que tecnicamente no tenía ninguna magistratura oficial.
En los años siguientes Pompeyo combate en Sicilia, aplasta la resistencia mariana, luego va a Africa y derrota al rey Yarbas de Numidia. Tres campañas, tres victorias.
Cuando vuelve a Roma exige el triunfo. Sila al principio se niega: Pompeyo es demasiado joven, no es senador, no ha pasado por los cargos normales. Pompeyo insiste. Y Sila cede. Y en ese momento todo Roma entiende quien es este joven.
Es entonces cuando alguien lo llama «Magnus». El Grande. Pompeyo tiene veinticuatro años.
Sertorio: la guerra que nadie quería y que solo Pompeyo pudo terminar
Quinto Sertorio es uno de los personajes más fascinantes de la historia romana y uno de los menos conocidos. Era un general mariano que se había refugiado en Hispania después de la victoria de Sila, y desde allí había construido un estado alternativo que resistia a Roma.
Tenía apoyo local, una guerrilla efectiva, y había derrotado sucesivamente a todos los generales que Roma le había mandado.
El Senado mandó a Pompeyo en el 77 aC. Lo mandó en parte porque era el mejor, y en parte porque la guerra de Sertorio era tan impopular y tan difícil que nadie más quería ir.
La guerra duro casi ocho años, del 77 al 72 aC. Pompeyo no la gano por aplastamiento sino por desgaste. Y al final, Sertorio fue asesinado por sus propios hombres, cansados de una guerra sin fin. Pompeyo reorganizo Hispania, fundo ciudades, y volvió a Roma con más gloria añadida.
La ley Gabinia: el dia que Roma le dio el Mediterráneo a un solo hombre

El problema de la pirateria en el Mediterráneo en el siglo I aC era devastador. Los piratas ciliceos habían llegado a atacar Ostia, el puerto de Roma. El precio del trigo había subido hasta niveles insostenibles. Roma llevaba decadas sin poder resolver el problema porque requeria mandó unificado, y Roma no le daba mandó unificado a nadie.
En el 67 aC el tribuno Aulo Gabinio propuso la ley Gabinia: dar a Pompeyo un mandó extraordinario sobre todo el Mediterráneo y sus costas hasta cincuenta millas tierra adentro, durante tres años, con recursos ilimitados.
El Senado entro en panico. Catulo dijo que si Pompeyo moria en esa campaña, quien lo sustituiria. La respuesta de la asamblea popular fue espontanea: «Tu». Era una declaracion implicita de que Roma ya no necesitaba al Senado para nada urgente.
Pompeyo limpio el Mediterráneo de piratas en cuarenta dias. Ya hablamos de esa campaña en detalle en otro episodio, pero merece la pena recordar la velocidad: cuarenta dias para resolver un problema que había durado decadas. Fue una demostración de eficiencia militar sin precedentes.
Mitridades del Ponto: el enemigo que se resistia a morir
Lucio Luculo llevaba años peleando contra Mitridades VI del Ponto, el rey que había organizado la masacre de decenas de miles de ciudadanos romanos en Asia en el 88 aC. Luculo era un buen general, pero sus soldados estaban agotados y habían empezado a amotinarse. El Senado mandó a Pompeyo a relevarle en el 66 aC.
Luculo, que había hecho el trabajo duro, quedo furioso. La rivalidad entre los dos seria legendaria en Roma durante años.
Pompeyo derroto a Mitridades en una batalla nocturna en el 66 aC usando la luna a su favor: ataco con la luna a sus espaldas para que las sombras de sus soldados apuntaran hacia el enemigo y confundieran las distancias.
Mitridades huyó hacia el Caucaso y eventualmente se suicido cuando su propio hijo se rebelo contra el. Pompeyo nunca llegó a capturarlo, pero el problema de Mitridades se resolvio.
Pompeyo continuó hacia el sur. Reorganizo todo el Oriente romano: creo provincias, instalo reyes clientes, llegó hasta Siria, entro en Jerusalem. Cuando volvió a Roma en el 62 aC había organizado practicamente de nuevo el mapa del Oriente Mediterráneo.
La vuelta a Roma: el general que el Senado no quiso premiar
Y aquí empieza el problema. Pompeyo vuelve a Italia en el 62 aC, disuelve su ejército (un gesto de lealtad republicana que nadie le agradecio), y pide dos cosas al Senado: ratificacion de sus arreglos en Oriente y tierras para sus veteranos.
El Senado, liderado por Catón, se lo negó. Punto por punto, maniobra por maniobra, el Senado bloqueo todo lo que Pompeyo pedía. La razon de fondo era el miedo: Pompeyo era demasiado popular, demasiado poderoso, y los senadores conservadores preferian humillarlo a reconocer lo que había hecho por Roma.
Fue un error histórico monumental. Porque Pompeyo, bloqueado por el Senado, busco aliados. Y los encontro en dos hombres que cambiarian el mundo: Marco Licinio Craso y Gaio Julio César.
El Primer Triunvirato estaba a punto de nacer. Eso ya lo contamos en la segunda parte de esta historia.
Lecturas recomendadas
La biografía de referencia sobre Pompeyo en español es Pompeyo de Karl Christ. Lo sigue desde sus años junto a Sila hasta su muerte en Egipto, con rigor histórico y una narrativa que no se hace pesada. El libro que le faltaba a cualquiera que quiera entender a este personaje de verdad.
Si la campaña contra Sertorio en Hispania te ha enganchado, Las clientelas de Pompeyo Magno en Hispania es el estudio más detallado que existe en español sobre cómo Pompeyo construyó su red de poder en la península durante esos años. Un libro especializado pero imprescindible si quieres entender su peso político más allá de las victorias militares.
Y para el contexto completo de las campañas de Hispania en esta época, César y Pompeyo en Hispania cubre todo: la guerra contra Sertorio, la presencia pompeyana en la península y la guerra civil en suelo ibérico. Un libro que se agradece mucho cuando el podcast te deja con ganas de más.

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