¿Fue Julio César un genocida? Cinco casos de la guerra de las Galias

Hay un libro en el que un general romano escribe que quiere borrar a un pueblo entero. Con su estirpe y con su nombre.

No lo cuenta un enemigo. No es un rumor. Lo escribe él, para que lo lea Roma. Y ese general es Julio César.

Lo que más me inquietó, cuando preparaba este expediente, no fue eso. Fue que el año de otra de sus matanzas en la Galia, el Senado le concedió veinte días de acción de gracias a los dioses. Hubo quien pidió entregarlo al enemigo. El más famoso, Catón. Y no precisamente por los muertos.

Hasta Raphael Lemkin, el jurista que inventó la palabra «genocidio», pensaba dedicarle un capítulo a la Galia de César. Así que la pregunta no me la invento yo. ¿Fue Julio César un genocida?

Un millón de muertos. ¿Quién los contó?

Al César de la leyenda ya lo conoces. El de las cincuenta y dos batallas campales, el seductor, el de «llegué, vi, vencí». Pero ese César, antes, necesitó una guerra.

En el 58 antes de Cristo acababa de ser cónsul, sus enemigos esperaban a que dejara el cargo para llevarlo a juicio y tenía unas deudas enormes. Hoy un político arruinado pide un crédito. César pidió la Galia. Suetonio dice que no dejó pasar ningún pretexto para una guerra, ni siquiera uno injusto.

¿La cuenta, nueve años después? Según Plutarco, un millón de muertos y otro millón de esclavos. Plinio da un millón ciento noventa y dos mil muertos en batalla, y se niega a contarlo como una gloria: lo llama «una injuria al género humano».

Si la Galia tenía entre ocho y doce millones de habitantes, hablamos de hasta una cuarta parte. Pero ese «si» importa mucho. Porque casi todo lo que sabemos de esta guerra lo escribió el propio César, para presumir ante Roma. El acusado es también el testigo principal.

La vara de medir: tres casillas

«Genocidio» no es cualquier matanza. La definición que usan hoy los tribunales es la de la Convención de la ONU de 1948, y tiene tres partes: matar o destruir, a un pueblo como tal (no a un ejército) y con la intención de hacerlo.

Las tres a la vez. Y lo que cuenta es la intención, no el motivo. Da igual que lo hagas por venganza o para dar un escarmiento.

Con esa vara, y con las palabras del propio César, abrí cinco casos.

Caso 1. Avárico: de cuarenta mil a ochocientos

Invierno del 52. Toda la Galia se ha levantado con Vercingétorix, y la revuelta empieza con una matanza de comerciantes romanos en Cénabo, la actual Orleans. César responde: toma Cénabo, la saquea y la quema.

Después llega a Avárico, la actual Bourges, que los propios galos llamaban la ciudad más bella de la Galia. Casi un mes de asedio, con hambre y con lluvia. Cuando entran, los legionarios no perdonan ni a ancianos, ni a mujeres, ni a niños. De unas cuarenta mil personas, apenas ochocientas llegan vivas hasta Vercingétorix.

César dice que fueron sus soldados, enfurecidos. No dice que lo ordenara. Tampoco que intentara impedirlo. Para el historiador Kurt Raaflaub no cumple la definición. Para Tristan Taylor es una «masacre genocida», arrasar una ciudad para escarmentar a todo su pueblo. Primera casilla, marcada. Las otras dos dependen de a quién le preguntes.

Caso 2. Alesia y Uxeloduno: el libro se calla

Lionel Royer, Vercingétorix arroja sus armas a los pies de César, 1899 (dominio público).

En Alesia, Vercingétorix está encerrado entre dos líneas de murallas romanas y se acaba la comida. Los galos echan de la ciudad a los mandubios, la gente que vivía allí, con sus mujeres y sus hijos. Llegan llorando a las líneas romanas y piden que los acepten como esclavos, a cambio de comida.

César pone guardias en la muralla y no los deja pasar. ¿Qué fue de ellos? Su libro no lo dice. Se calla justo ahí. Lo cuenta Dión Casio, mucho después: murieron entre las dos líneas.

Un año más tarde, en Uxeloduno, a todos los que habían luchado con armas les cortan las manos y los dejan vivir, para que se vea el castigo. Crueldad, toda la que quieras. Pero es un asedio y un escarmiento, no un plan para borrar a un pueblo.

Caso 3. Atuatucos y vénetos: vender a un pueblo entero

Hay otra forma de hacer desaparecer a un pueblo sin matarlo: venderlo. En el 57, los atuatucos se rinden, esconden parte de las armas y atacan esa noche. Al día siguiente, César vende la ciudad entera. Cincuenta y tres mil personas. ¿Quién las contó? Los compradores. Por lo menos, la contabilidad la llevaban al día.

Al año siguiente, los vénetos, en la actual Bretaña, retienen a unos enviados romanos. César ejecuta a todo su senado y vende al resto. Su razón: que los bárbaros aprendan a respetar a los embajadores. Guárdate esa frase.

El giro es que los atuatucos «vendidos» vuelven a luchar contra César tres años después, y los vénetos mandan tropas a Alesia. César exageraba hasta la destrucción. ¿Vender a un pueblo entero es destruirlo? Los historiadores todavía lo discuten.

Caso 4. Usípetes y téncteros: el caso que escandalizó a Roma

Invierno del 56 al 55. Dos pueblos germanos cruzan el Rin con sus familias, huyendo de los suevos, y piden tierras. César dice que no. Mientras negocian, ochocientos jinetes germanos ponen en fuga a cinco mil de los suyos.

Al día siguiente, todos los jefes y ancianos germanos van al campamento romano a disculparse. Y César los retiene. Lo mismo que había castigado a los vénetos un año antes.

Sin jefes, el campamento germano no sabe qué hacer. Las legiones atacan por sorpresa, y cuando las mujeres y los niños huyen, César manda a la caballería detrás de ellos. Los que quedan mueren en la confluencia del Mosa y el Rin. César habla de cuatrocientas treinta mil personas. En 2015, unos arqueólogos holandeses creyeron encontrar el lugar en Kessel, con huesos de hombres, mujeres y niños.

En Roma, veinte días de acción de gracias. Catón pidió entregar a César a los germanos, pero por haber roto una tregua y ofender a los dioses. Como dice Taylor, en Roma discutían cómo había empezado la lucha, no cómo había acabado.

Caso 5. Los eburones: la intención, por escrito

Invierno del 54. Ambiórix, rey de los eburones, ataca un campamento romano, ofrece a sus soldados salir con seguridad y les tiende una emboscada. Muere una legión y cinco cohortes. Es la peor derrota de César en la Galia.

César no la olvida. Al año siguiente invita a todos los pueblos vecinos a saquear a los eburones. Y escribe para qué: «para que desaparezca la estirpe y el nombre de ese pueblo».

Aquí no hay soldados descontrolados. La intención está escrita, en su libro, para que la lea Roma. Quema todas las aldeas y apunta que, aunque alguno consiguiera esconderse, moriría de hambre cuando se fuera el ejército. Ambiórix escapa con cuatro jinetes y nunca lo atrapan. Los eburones desaparecen de la historia.

Las tres casillas. Y en esto, Raaflaub y Taylor están de acuerdo.

El otro César

Lo que lo complica todo: el mismo Plinio que habla de una injuria al género humano lo elogia, en el párrafo siguiente, como el hombre más clemente que existió.

Y no era solo propaganda. A los helvecios vencidos los devolvió a su tierra con grano. Tras Alesia devolvió veinte mil prisioneros. Y en la guerra civil soltó a sus enemigos con una frase: «que esta sea nuestra nueva manera de vencer, con misericordia y generosidad».

Taylor tiene una respuesta. A César le importaba más que creyeran que era capaz de borrar a un pueblo que borrarlo de verdad. Terror y clemencia eran dos caras de la misma moneda.

Dos estatuas para la misma guerra

Estatua de Ambiórix (Jules Bertin, 1866) en Tongeren · foto: Carole Raddato (CC BY-SA 2.0).

Lo que sabemos: las matanzas existieron y César las contó con orgullo. Con los eburones, la intención está escrita con sus propias palabras. Lo que se discute: si Avárico o los usípetes y téncteros también lo fueron, y cuánto infló sus cifras. Lo que no sabremos nunca: cuántos murieron de verdad.

Hoy, en Bélgica, Ambiórix tiene una estatua en Tongeren desde 1866, como héroe nacional. Y en 2020, en Velzeke, una estatua de César apareció con el nombre borrado y una palabra pintada: «canalla». Dos estatuas. Dos maneras de recordar la misma guerra.

¿Genocida o un romano de su tiempo? Déjamelo en los comentarios del vídeo, que los leo todos. Y si quieres seguir tirando del hilo, en los expedientes tienes todos los monográficos por orden cronológico. El próximo: César contra Pompeyo.

HISTOCRIME: ¿Quién mató a Julio César?, de Enrique Ruiz. 23 casos de deducción histórica. La historia dejó evidencias. Ahora te toca a ti.

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