Hay una frase que me persiguió días después de ver este vídeo.
Al principio, los romanos llamaron a la rebelión de Espartaco una broma de gladiadores. Una trivialidad. Algo que no merecía ni la atención del Senado.
Ese desprecio les costó caro. Muy caro.
Setenta hombres que nadie se tomó en serio

En el año 73 a.C., unos setenta gladiadores escaparon de una ludus (escuela de gladiadores) en Capua. Se armaron con lo que pudieron encontrar en la cocina del lugar: asadores, cuchillos, lo que hubiera.
Roma envió una pequeña patrulla local a aplastarlos.
Los gladiadores la destruyeron.
Aquí me quedé yo con la boca abierta la primera vez: no enviaron un ejército real porque no creían que hiciera falta. Eran esclavos. ¿Qué podían hacer?
La respuesta fue: poner patas arriba la República de Roma durante tres años.
120.000 personas que no tenían nada que perder

Esto es lo que más me impactó del vídeo.
La rebelión no era solo de gladiadores. En pocos meses, esclavos fugitivos, pastores, campesinos arruinados y gente sin nada se sumaron al ejército de Espartaco. Llegaron a ser 120.000 personas.
Un ejército de esclavos derrotó a varias legiones romanas enviadas por pretores y cónsules.
No una vez. Varias veces.
Roma empezó a ponerse nerviosa. Y cuando Roma se ponía nerviosa, mandaba a sus mejores generales.
Craso construyó un muro de 30 kilómetros. Espartaco lo rompió en una noche
El Senado encomendó la tarea a Marco Licinio Craso, uno de los hombres más ricos y capaces de Roma.
Craso ideó algo brutal: encerrar a los rebeldes en la punta de la península italiana. Construyó una empalizada con foso de casi 30 kilómetros de largo, bloqueando toda salida hacia el norte.
El plan era hambrearlos hasta la rendición.
Una noche de tormenta de nieve, Espartaco ordenó a sus hombres llenar parte del foso con tierra, ramas y cadáveres. Y cruzaron.
Treinta kilómetros de ingeniería romana. Rota en una noche.
Aquí me quedé yo pensando: ¿cuánta desesperación necesitas para hacer eso? ¿Cuánta rabia?
El final que Roma no quería contar
La rebelión terminó en el 71 a.C. junto al río Silaro, en el sur de Italia. Espartaco murió en combate. Su cuerpo nunca fue encontrado.
Y entonces Craso hizo algo que todavía hoy resulta difícil de imaginar.
Crucificó a 6.000 esclavos supervivientes a lo largo de la Vía Apia, la carretera principal que unía Capua con Roma. Doscientos kilómetros. Una cruz cada diez metros.
No como castigo, exactamente. Como mensaje.
Esto le pasa a quien se atreve a desafiar el orden.
Lo curioso es que ese mensaje dice más sobre el miedo de Roma que sobre el fracaso de Espartaco.
Lo que me llevo de esta historia
Espartaco no ganó. Pero obligó a Roma a mirarse a sí misma de una manera que no quería.
Una sociedad que necesita millones de esclavos para funcionar, y que construye muros de 30 kilómetros cuando esos esclavos dicen basta, es una sociedad que vive con miedo.
Y ese miedo, disfrazado de orden y grandeza, es quizás la parte más humana de Roma.
La parte que nadie enseña en los colegios.

Lecturas recomendadas
Si quieres ir más a fondo en esta historia, estos son los libros que yo tengo marcados:
- La guerra de Espartaco de Barry Strauss: el relato más riguroso y apasionante que existe sobre la rebelión. Strauss es historiador clásico y se nota en cada página. Búscalo en Amazon.
- Espartaco de Howard Fast: la novela que inspiró la película de Kubrick. Una ficción basada en hechos reales que te atrapa desde la primera página. Disponible en Amazon.
- La República romana de Michael Crawford: para entender el contexto económico y social que hizo posible la esclavitud masiva en Roma. Fundamental. Ver en Amazon.
El vídeo completo
Si prefieres verlo en vídeo, aquí lo tienes:

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