Corbulón: el mejor general de Nerón y la orden de suicidarse

«Me lo he merecido.»

Dicen que eso fue lo que dijo Corbulón antes de clavarse la espada, en el puerto de Céncreas, en Grecia, en el año 67. En griego: axios. Acababa de bajar del barco. Había venido porque el emperador lo había llamado con cariño, como a un padre. Y lo que le esperaba era una orden de suicidarse.

¿Qué se había merecido? Esa es la pregunta. Y para responderla hay que contar quién era.

El general de la pala

Cneo Domicio Corbulón era un hombre enorme, con una voz que se oía en todo el campamento y una obsesión: la disciplina. Tácito, que lo admiraba, lo describe casi como un romano de los de antes, de los que ya no quedaban.

En el año 47, con el emperador Claudio, mandaba en Germania Inferior.

Puso a los soldados a cavar, a entrenar y a marchar como no lo hacían desde hacía años. Hay una frase que se le atribuye que lo resume todo: el enemigo se vence con la pala, el dolabra. Es decir, con trabajo.

Y era duro de verdad. Tácito cuenta que ejecutó a un soldado por cavar la trinchera sin llevar la espada al cinto, y a otro por llevar solo el puñal. Como para no hacerle caso.

Armenia, el tablero de siempre

Te pongo un poco en contexto. Armenia era el eterno problema entre Roma y los partos. Estaba en medio de los dos imperios y los dos querían poner allí a un rey de su confianza. Hacia el 54, el rey parto Vologeses colocó en el trono a su hermano Tiridates. Roma no podía tragárselo.

Nerón acababa de llegar al poder, con 17 años. Y mandó a Oriente al mejor general que tenía: Corbulón.

Lo primero que hizo Corbulón fue no atacar. Las legiones de Siria llevaban años de cuartel, gordas y blandas: según Tácito, había veteranos que nunca habían hecho una guardia ni cavado un foso.

Así que se las llevó a las montañas de Armenia a pasar un invierno a la intemperie. Hubo soldados que perdieron los dedos por congelación. Los que desertaban morían. Pero en primavera tenía un ejército.

Artaxata y Tigranocerta

En el 58 tomó Artaxata, la capital armenia, y la quemó. En el 59 entró en Tigranocerta, la otra gran ciudad, casi sin combatir: se dice que lanzó la cabeza de un noble capturado por encima de las murallas, y que los de dentro entendieron el mensaje.

Tiridates huyó. Roma puso a su propio rey. Victoria completa.

Y entonces, como pasa tantas veces, la política lo estropeó. Mandaron a otro general, Cesenio Peto, a ocuparse de Armenia mientras Corbulón guardaba Siria. Peto se metió en una trampa en Rhandeia, en el 62, y tuvo que rendirse a los partos de manera humillante. Corbulón llegó tarde, por poco. Hay quien dice que a propósito.

Una paz con corona

Corbulón volvió a entrar en Armenia y, en lugar de buscar otra batalla, negoció. El acuerdo fue muy inteligente: Tiridates sería rey de Armenia, sí, pero tendría que ir a Roma a recibir la corona de manos de Nerón.

Y fue. En el 66, Tiridates llegó a Roma y Nerón le puso la diadema en una ceremonia espectacular. Para Nerón, aquello fue un triunfo de propaganda. Para Roma, cincuenta años de paz en esa frontera.

Busto de Nerón, el emperador al que sirvió Corbulón. cjh1452000 · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
Busto de Agrigento identificado tradicionalmente con Corbulón. CvZ · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

La orden

Pero en Roma las cosas habían cambiado. En el 65 se descubrió la conjura de Pisón, y Nerón empezó a ver enemigos por todas partes. Un yerno de Corbulón estaba implicado en otra conspiración. Y un general con prestigio, con legiones fieles y con una paz firmada en su haber era, para un emperador asustado, el mayor peligro posible.

Así que lo llamó a Grecia, donde Nerón estaba de gira cantando en los concursos. Corbulón fue. Y al desembarcar le dieron la orden.

Aquí me quedé yo con una pregunta. ¿Por qué fue? Sabía perfectamente lo que les había pasado a otros. Quizá creía que su lealtad le protegería. Quizá esa palabra, axios, significaba que se lo merecía por haber sido leal a quien no se lo merecía.

Un año después, Nerón estaba muerto. Y una de las hijas de Corbulón, Domicia Longina, acabó siendo emperatriz, esposa de Domiciano. La historia, a veces, tiene un humor muy raro.

¿Tú cómo traducirías ese axios? Te leo en los comentarios.

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