Agatárquides de Cnido: el griego que contó el mar Rojo y las minas de oro de Egipto

Hay libros que casi se pierden del todo.

El de Agatárquides de Cnido es uno de ellos. Lo escribió en Alejandría a mediados del siglo II antes de Cristo y se tituló Sobre el mar Eritreo.

No lo conservamos entero. Lo que sabemos de él llega por dos caminos: los resúmenes que hizo un patriarca bizantino, Focio, en el siglo IX, y los pasajes que copió Diodoro Sículo. Y aun así, lo que queda es asombroso.

La costa del mar Rojo, en Egipto. Islamkamouh · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

¿Qué era el mar Eritreo?

Te pongo un poco en contexto. Para los griegos, el mar Eritreo, el «mar Rojo», no era solo lo que hoy llamamos mar Rojo.

Incluía también el golfo de Adén, el golfo Pérsico y parte del océano Índico. Era el gran mar del sur, del que llegaban el incienso, las especias y el marfil.

Agatárquides nació en Cnido, una ciudad griega de Asia Menor, y trabajó en la corte de los Ptolomeos, la dinastía griega que gobernaba Egipto desde la muerte de Alejandro. Fue secretario y tutor de algún noble importante.

Y tuvo acceso a algo que valía oro: los informes de los exploradores, los cazadores y los capitanes que los Ptolomeos mandaban hacia el sur.

Los cazadores de elefantes

¿Por qué tanto interés en el mar Rojo? Por los elefantes. Los seléucidas, enemigos de los Ptolomeos, tenían elefantes de la India. Los Ptolomeos necesitaban los suyos.

Así que Ptolomeo II organizó expediciones de caza en la costa africana del mar Rojo y fundó allí puertos para embarcarlos, como Ptolemais de las Fieras.

Agatárquides describe a los pueblos de aquellas costas casi como un etnógrafo moderno: los que vivían de cazar elefantes, cortándoles los tendones de las patas; los que comían raíces; los que comían langostas; y sobre todo los ictiófagos, «los comedores de peces», que vivían en la orilla, secaban el pescado al sol y, según él, no tenían ni leyes ni ambiciones.

Hay en sus descripciones una mezcla de curiosidad y de envidia hacia una vida tan simple.

Moneda de Ptolomeo II, el rey que organizó la caza de elefantes en el mar Rojo. anonymous · CC0 · Wikimedia Commons

Las minas de oro: el pasaje más duro de la Antigüedad

Y luego está el fragmento que hace famoso a Agatárquides. Describe las minas de oro del desierto oriental, en la frontera entre Egipto y Nubia.

Y describe a la gente que trabajaba en ellas: condenados, prisioneros de guerra y personas acusadas injustamente, enviados allí a veces con toda su familia.

Cuenta que trabajaban encadenados, día y noche, sin descanso. Los hombres jóvenes picaban la roca en las galerías a la luz de lámparas sujetas a la frente. Los niños sacaban las piedras.

Los ancianos y las mujeres molían el mineral. Nadie cuidaba de sus cuerpos, no tenían ropa con la que cubrirse, y trabajaban bajo el látigo hasta morir.

Y escribe algo que casi nunca se lee en un autor antiguo: que cualquiera que los viera sentiría lástima por el exceso de su desgracia.

La esclavitud estaba en todas partes y casi nadie la cuestionaba. Agatárquides tampoco la cuestiona. Pero la mira. Y no aparta la vista.

El Papiro de Turín, el mapa más antiguo conservado: una zona de minas de oro del desierto oriental de Egipto. BioKnowlogy · Public domain · Wikimedia Commons

Por qué importa Agatárquides

Agatárquides fue una de las fuentes principales de los geógrafos posteriores, como Estrabón, y su obra preparó el camino para textos como el Periplo del mar Eritreo, la guía de comerciantes del siglo I después de Cristo.

También dejó escrita una de las primeras críticas a la manera de escribir historia de su época, demasiado retórica y teatral para su gusto.

Aquí me quedé yo con una pregunta. ¿Cuántos libros como este hemos perdido? Si de este solo queda un resumen bizantino, y aun así nos enseña tanto, imagina lo que había en las bibliotecas de Alejandría.

¿Conocías a Agatárquides? Te leo en los comentarios.

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