Veintitrés puñaladas.
Y según Antistio, el médico que examinó el cuerpo, solo una fue mortal. La segunda. En el pecho.
El 15 de marzo del año 44 antes de Cristo, Julio César, el hombre más poderoso del mundo, cayó asesinado en pleno Senado. Más de sesenta conjurados. Veintitrés golpes. Uno solo mortal. Y dos mil años después, nadie puede decirte de quién era esa mano.
He grabado un vídeo contándolo como si abriéramos un expediente policial, solo con lo que dicen las fuentes antiguas. Lo tienes arriba. Y si prefieres leerlo, aquí va la historia de los idus de marzo, paso a paso. Te adelanto una cosa: matar a César fue mucho más difícil de lo que parece.
¿Qué pasó en los idus de marzo del 44 a. C.?
Los idus eran, en el calendario romano, el día central del mes. En marzo caían el día 15. Y ese 15 de marzo del 44 a. C., un grupo de senadores apuñaló a Julio César durante una sesión del Senado.
Lo que cuentan Suetonio y Plutarco, nuestras dos fuentes principales, no es un golpe limpio. Es una carrera contrarreloj llena de avisos, nervios y casi desastres. Vamos por partes.
Por qué mataron a Julio César
En febrero del 44, César ya no era dictador por unos meses. Era dictador perpetuo. Para siempre. En una Roma que llevaba casi quinientos años presumiendo de no tener reyes, esa palabra sonaba fatal. Lo conté con más calma en Julio César ya era rey en todo menos en el nombre.
Y César no ayudaba. Recibió sentado a una comitiva de senadores que venía a comunicarle nuevos honores. A un senador romano le podías quitar muchas cosas. El orgullo, no.
En la fiesta de las Lupercales, Marco Antonio le ofreció una diadema, una corona de rey. César la rechazó dos veces y el público aplaudió. ¿Teatro para medir a la gente? Es una duda que nadie ha sabido resolver. Pero para muchos senadores el mensaje estaba clarísimo.
Además corría un rumor: según los libros sibilinos, solo un rey podría vencer a los partos. Justo la campaña que César iba a empezar. Si se marchaba, estaría fuera de su alcance durante años. Tenían semanas. Luego, días.
Los conspiradores: Casio, Bruto y Décimo
Cayo Casio Longino. Buen soldado, orgulloso y, según Plutarco, con un odio muy personal hacia César. Había luchado contra él en la guerra civil, y César le había perdonado.
Marco Junio Bruto. El que daba peso moral a la conjura. También luchó contra César y también fue perdonado; ese año era pretor. Cargaba con un apellido enorme: decía descender del Bruto que expulsó al último rey de Roma. Y en su tribunal empezaron a aparecer pintadas: «Bruto, ¿duermes?».
Décimo Bruto. El menos conocido y, para mí, el más inquietante. Tenía tanta confianza con César que aparecía en su testamento como heredero de segundo grado. Guárdate este nombre.
Alrededor de ellos, más de sesenta conjurados: antiguos enemigos de César y amigos suyos que ya no lo eran tanto.
Dónde mataron a César (no fue en la Curia del Foro)
Matar a César en la calle era un suicidio: sus veteranos y el pueblo habrían despedazado a los asesinos. Así que eligieron el sitio más atrevido. El Senado, delante de todo el mundo, con los puñales escondidos bajo la toga. Llegaron a discutir si matar también a Marco Antonio, pero Bruto se negó: aquello tenía que parecer un acto de justicia, no una matanza.
Y aquí cae el primer mito. César no murió en la famosa Curia del Foro, que se había incendiado años antes y seguía en obras. Aquel día el Senado se reunía en la Curia de Pompeyo, junto a su teatro. Un edificio con el nombre de su gran rival. La historia, a veces, tiene un humor muy negro.
Los seis avisos que César ignoró
Lo increíble de los idus de marzo no es que mataran a César. Es la cantidad de veces que pudo no pasar.
- Espurina. Un adivino le había advertido de un peligro que no pasaría de los idus de marzo.
- La guardia. César había despedido a su escolta de soldados hispanos. Cuando le aconsejaron protegerse, dijo que era mejor morir una vez que vivir esperando la muerte.
- La cena. La noche del 14, en casa de Lépido, alguien preguntó cuál era la mejor muerte. César, firmando cartas, contestó sin levantar la vista: «Una inesperada».
- Calpurnia. Esa noche su mujer soñó, según Plutarco, que sostenía su cuerpo asesinado. Le suplicó que no fuera. Los sacrificios salieron mal y César decidió quedarse en casa.
- Espurina, otra vez. Camino del Senado, César le soltó con sorna: «Los idus de marzo ya han llegado». El adivino contestó: «Han llegado, sí. Pero no han pasado».
- Artemidoro. Un griego le entregó una nota con todo el complot y le pidió que la leyera solo y rápido. La gente no le dejó. Entró en la sala con la nota en la mano, sin leer.
¿Y por qué fue al final, si había decidido no ir? Por Décimo Bruto. El de confianza, el del testamento. Fue a buscarle y, según Plutarco, le preguntó qué iba a pensar el Senado si les mandaba a casa hasta que Calpurnia tuviera sueños mejores. Le cogió de la mano y se lo llevó.
La falsa alarma: Popilio Lenas
A las puertas de la Curia, un senador, Popilio Lenas, se acercó a Bruto y a Casio y les susurró: «Os deseo suerte en lo que tenéis entre manos. Y no tardéis, que ya se habla de ello».
Poco después llegó César, y Popilio fue directo a hablar con él. Un buen rato. Los conjurados, que no oían nada, se pusieron de acuerdo con la mirada: si les delataban, se matarían ellos antes de que les detuvieran. Casio ya tenía la mano en el puñal. Hasta que vieron a Popilio besar la mano de César y apartarse. Era una petición personal. Falsa alarma.
Mientras tanto, fuera, Marco Antonio se quedó entretenido en una conversación lejos de la puerta. Según la mayoría de las fuentes, por Trebonio; Plutarco, en otro pasaje, dice que fue Décimo Bruto.
Cómo fue el asesinato de Julio César: 23 puñaladas

Tilio Cimbro se acercó a pedirle que perdonara a su hermano desterrado. Los demás se arremolinaron alrededor. César lo aplazó. Entonces Cimbro le agarró la toga por los hombros y tiró. Era la señal.
«¡Esto es violencia!», gritó César. Casca dio el primer golpe, cerca del cuello, con la mano temblando: una herida ni profunda ni mortal. César le agarró el brazo y se lo atravesó con su punzón de escribir. Tenía cincuenta y cinco años, y todavía peleaba.
Entonces cayeron todos sobre él. Tantos y tan nerviosos que se hirieron entre ellos; Bruto acabó con un corte en la mano. Plutarco recoge un detalle que pone los pelos de punta: algunos contaban que César se defendía de todos hasta que vio a Bruto con el puñal. Entonces dejó de luchar.
Se cubrió la cabeza con la toga y, con la otra mano, se bajó los pliegues para caer con decoro. Cayó a los pies de la estatua de Pompeyo. Veintitrés puñaladas.
¿Cuáles fueron las últimas palabras de Julio César?
«¿Tú también, Bruto?» es Shakespeare, siglos después. Suetonio cuenta que César murió sin decir palabra, con un solo gemido, aunque añade que algunos decían que, al ver a Bruto lanzarse sobre él, le dijo en griego: «¿Tú también, hijo?».
¿Hijo? César había tenido un largo romance con Servilia, la madre de Bruto, y Plutarco cuenta que llegó a creer que Bruto podía ser hijo suyo. Pero solo se llevaban unos quince años. Casi ningún historiador se lo cree. Si lo dijo, seguramente era una forma cariñosa de hablar.
¿Quién dio la puñalada mortal?
Esta es la pregunta que me obsesiona. Tenemos víctima, conjurados, avisos, testigos y hasta el informe de un médico. Antistio dijo que solo la segunda herida, en el pecho, fue mortal. Pero ninguna fuente nos dejó escrito quién sostenía ese puñal. Nos dejaron el crimen. No la lista.
Qué pasó después de los idus de marzo

Los conjurados salieron gritando «¡Libertad!», esperando que Roma les aclamara. Roma se encerró en casa. El cuerpo de César se quedó allí, solo, hasta que tres esclavos lo llevaron a su casa en una litera, con un brazo colgando por fuera.
¿Te acuerdas de que Bruto no quiso matar a Marco Antonio? Error. Se leyó el testamento de César, que dejaba dinero a cada ciudadano de Roma. Y en el funeral, según Plutarco, Antonio mostró al pueblo la toga ensangrentada de César. Roma estalló. Te lo cuento entero en El funeral de Julio César.

Los conjurados huyeron. Llegó otra guerra civil. Según Suetonio, casi ninguno sobrevivió más de tres años, ninguno murió de muerte natural, y algunos se mataron con el mismo puñal con el que habían herido a César. De aquel caos salió un chaval de dieciocho años que aparecía en el testamento: Octavio, el futuro Augusto.
Querían salvar la República del hombre que quería ser rey. Y le abrieron la puerta al Imperio.
Preguntas frecuentes sobre los idus de marzo
¿Qué significa «idus de marzo»?
Los idus eran el día central de cada mes en el calendario romano: el 15 en marzo, mayo, julio y octubre, y el 13 en los demás meses. Los idus de marzo son, por tanto, el 15 de marzo.
¿Cuántas puñaladas recibió Julio César?
Veintitrés, según Suetonio. El médico Antistio dictaminó que solo una fue mortal: la segunda, en el pecho.
¿Quién mató a Julio César?
Una conjura de más de sesenta senadores encabezada por Casio y Marco Bruto, con Décimo Bruto como pieza clave. Casca dio el primer golpe. Quién asestó la herida mortal no lo recoge ninguna fuente.
¿Dónde murió Julio César?
En la Curia de Pompeyo, junto al teatro de Pompeyo, en el Campo de Marte. No en la Curia del Foro, que estaba en obras.
¿Dijo César «Tú también, Bruto»?
No en esa forma: es de Shakespeare. Suetonio dice que murió sin palabras, aunque recoge la versión de que le dijo en griego «¿Tú también, hijo?».
Y ahora te toca a ti
Te dejo la pregunta que lleva dos mil años dividiendo a los historiadores: ¿los idus de marzo fueron el asesinato de un tirano o un crimen contra Roma? Cuéntamelo en los comentarios del vídeo, que los leo todos. Y si quieres repasar al personaje entero, aquí tienes quién fue Julio César.
Esta es la historia tal y como la cuentan las fuentes. Si te ha picado el gusanillo, he escrito un libro de enigmas inspirado en este crimen: HISTOCRIME: ¿Quién mató a Julio César?. Ojo, que es un juego: ficción inspirada en los idus. En el libro, el detective eres tú.


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